Homo Sapiens Inutile

El hombre moderno del primer mundo: animal racional, malo por naturaleza y sobreviviente de si mismo.
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Sus enemigos: la obesidad y el aburrimiento.
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Su depredador: el qué dirán.
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Vive intentando encontrar el balance entre el running y el colesterol.
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Pues bien, Vivir Mata Blog os trae la lista definitiva de cualidades que todo superhombre — en el más puro sentido Nietzscheano — tiene que tener en los tiempos que corren. Se ha acabado la era de las titulaciones por sobreoferta, ahora lo que mandan son tus skills adquiridas, tu repertorio de habilidades ganadas con la experiencia.
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Ahí van:
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1. Todo hombre debe ser capaz de hacer una tortilla de patatas. No hay mejor pasaporte ni carta de presentación. La calidad de la tortilla debería estar en una horquilla entre, el bar de debajo de tu casa y la que hace tu madre o abuela. Nunca superarás la de tu madre, lo que nos lleva al punto 2.
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2. Querer a tu madre. Por muy pesada que sea. Regalala una flor de vez en cuando.
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3. Saber huir de los dogmas. Probablemente sean uno de los inventos más humanos y menos naturales. Son el refugio del que no quiere ver. Imposibles en un mundo en el que todo es flexible, cambia y se reinventa.
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4. Saber el 80% de las capitales del mundo. Soñar despierto tus siguientes vacaciones entre celda y celda de Excel. ¿Ventanilla o pasillo? Deslízate.
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5. Todo hombre debe ser capaz de levantar su propio peso. Por lo menos para poder evitar las bochornosas situaciones que se dan en verano cuando algún no-hombre intenta subirse a un bordillo, embarcación o cuerpo flotante como si de una foca pataleante del ártico se tratase.
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6. Saber estar bien con uno mismo. Entretenerse solo. Conocerse y saber interpretar lo que uno necesita para sí. Hacer el flâneur, ir solo al cine, leer… No dejarse dominar por el tedio, no depender de nadie para evadirlo, no necesitar enchufarse a un aplanador de encefalograma. En resumen, tener la curiosidad viva y saludable.
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7. Saber el porqué de las cosas que haces — y las que no haces — y tener una opinión sobre las mismas. (Tenerla, no ir promulgandolas a todo el que pasa). A mí me gusta comer las galletas maría de 3 en 3 porque es la medida óptima entre el tamaño de mi boca y el diámetro de mi taza, dice un amigo.
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8. Tener siempre 3 canciones en tu subconsciente que sepas que puedes cantar medianamente cuando, azares de la noche, acabas en un karaoke y tienes que salir del paso. Un beso y una flor (Nino Bravo), El Rompeolas (Loquillo), Y sin embargo (Sabina), son nuestras sugerencias.
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9. Reconocer cuando te están pidiendo un beso.
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10. Ser agradecido. Tu te lo guisas, tu te lo comes. Si no te lo has guisado tú, da las gracias.
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Otro más, no hagas caso a los consejos de Internet. A estas alturas ya deberíamos tener la personalidad bien definida y saber diferenciar lo bueno de lo malo. Cómo decía mi abuelo, para ti haces.
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A la ninfa del agua.

“… como si el agua se hubiera vuelto líquida a su contacto.”
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Gabriel García Márquez. La Hojarasca.
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A la ninfa del agua:
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Quiero ser agua para que cuando te sumerjas pueda tocarte a la vez todo tu cuerpo, estar en cada centímetro cuadrado de dermis. Meterme en todos tus recovecos. Ser el molde vivo de tu escultura adaptándome continuamente a todos tus movimientos.
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Quiero hacerte flotar. Ser tu 70%. Hacer tu ósmosis. Ser natural y transparente. Hacerte la boca agua.
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Quiero que me bebas y que me sudes. Que me expulses por los poros como una plancha de vapor cuando jadeas. Condensarme y resbalar por tus curvas vertiginosas bajando en torrente entre tus pechos y calmarme en tu vientre. Desembocar en el estuario de tus piernas. Ser el charco de sudor con la forma de tu espalda en las sábanas.
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Quiero que me anheles en los desiertos y en las resacas. Hacerte disfrutar de la primera bocanada de aire al salir del agua. Saberte dulce después de un baño en el mar. Ser el sonido de la Alhambra en tu oído.
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Quiero silbar con la fuerza de una cafetera a tu contacto. Ser la aspersión que riega tu jardín.
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Cuando me baño contigo en la bañera no tengo la suficiente paciencia para que se disuelva la espuma.
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Quiero ser tormenta de verano, salvaje y eléctrico. De gota gruesa.
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Templar tu incandescencia.
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Disolverte en acuarela y mezclados pintar un lienzo crudo y primitivo.
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Sabía que eras rubia, sabía que eras ninfa, pero me faltaba conocer el elemento que dominas.
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A la ninfa del agua.
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When Kate meets Brigitte: #katemoss #brigittebardot

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Gabriel García Márquez

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Vuelvo a García Márquez. Vuelvo a Macondo, a su Colombia mágica. Esta vez con La hojarasca. Llevaba tiempo en la lista, pero esperé, ya que lo consideré un libro que hay que leer en verano. Y como ahora vivo en un verano constante ha caído.
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Su literatura y estilo son distintos. Normalmente el escritor lleva al lector de la mano, como a un niño, por su universo e historia. Le señala con el dedo que detalle de cada escena tiene que mirar y le indica cuándo tienen que seguir caminando.
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Gabo no. Gabo se parece más a cuando un niño sopla una pompa y juega con ella.
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Las primeras páginas suelen ser la creación de la pompa. Dentro vamos nosotros. Nos explica casi de golpe seco con su aliento, de que va su mundo y sus personajes. Hay momentos cuando la pompa está en esa milésima de creación que el lector se puede hacer preguntas tipo: ¿Qué coño es esto? ¿Y ahora dónde estoy? ¿Este personaje ya había salido? ¿Este recurso que utiliza es metafórico o real en su mundo? Pero a poco que se cierra la esfera de jabón, el lector ya sabe cómo funciona y solo tiene que ir mirando desde la nave transparente por donde el lector pasajero quiera.
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Para continuar por la historia Gabriel nos controla flotando, no nos toca, a veces sopla suave con la boca, casi silbando, otras produce huracanes endiablados que aceleran el ritmo vertiginoso. Otras utiliza las manos para crear corriente y remolinos invisibles que sean más sutiles y libres que sus soplidos.
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Por eso a veces no sabemos si subimos o bajamos, si esto ya lo hemos leído atrás o si estamos avanzando. Nos lleva a mirar la misma escena desde diferentes ojos, porque es una literatura en espiral y a veces los círculos se rozan. Se repiten patrones de personajes pero luego resultan ser diferentes. Nos deja ir disfrutando de una visión periférica en lugar de una lineal.
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También infla y desinfla la pompa, añadiendo y quitando personajes, líneas y reglas de juego.
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Es libre y sensorial.
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Recomiendo encarecidamente su lectura. Desde la humildad escribo esto habiendo solo leído esos dos títulos por lo que no puedo generalizar en su obra.
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También recomiendo, sobre todo si se ha leído 100 años de soledad el siguiente post “Dos años de soledad” sobre un chaval que cuenta de manera muy simpática como lo leyó.
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Es el tercer libro que leo en eBook. Me gusta su versatilidad, y poder leer en la cama en cualquier posición y con la luz apagada, pero echo de menos el manoseo, el doblar la esquina de la página para marcar, y el poder verlo en un futuro en mi estantería y transportarme de un vistazo simplemente de su portada al mundo interior del libro y también al mío donde lo leí.
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Cualquier recomendación, opinion u comentario es bienvenido.
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Segundo mensaje: los últimos cowboys.

Pensaba que la ley y el orden habían alargado su manto por todo el orbe ahogando la locura, clonado sus valores a base de sellos, caldeando el ambiente, como cera caliente, para imprimir finalmente su marca corporativa. Todo a base de acoso – derribo y repetir la acción enésimas veces, así hasta sanar el cuerpo caótico.

¿Y cómo no pensar eso? Si allá donde alcanzaban mis ojos veía el mismo patrón.

Al atravesar la frontera, casi por casualidad, he encontrado un sitio todavía indómito. Tres pueblos conocidos intentaron marcar su logotipo en esta porción de frontera para incorporarlo a su matriz. Pero la fuerza de la selva y los espíritu ancestrales que viven en la gente se rieron de ellos a carcajada limpia. Les dejaron intentarlo, les dejaron hacer ─ laissez faire ─ pero eran completamente insignificantes ante tales magnitudes, ante la regeneración constante de las personas a través de las que viven.

Resulta que a medida que voy explorando la frontera, me doy cuenta que lo que alcanzaba a ver en origen – mí origen -no es otra cosa que un pequeño grano de arroz en la inmensidad. Lo que para mí era el centro del universo resulta ser una esquina del mismo. Lo que para mí era casitodo ─ la norma ─ resulta ser casi nada.

(Intentaré ir desgranando poco a poco los entresijos que sostienen ésto. Equilibrios imposibles solo comprensibles mirándolos con perspectiva.)

Hoy quiero presentaros uno de los primeros descubrimientos: He encontrado a los últimos vaqueros.

Personas que salen del grano de arroz por diversos motivos, aprovechándose de ese dejar hacer. Utilizan coartadas románticas para obtener su ticket de salida, pero rápidamente se atisba la verdadera razón. Algunos son forajidos de la ley y otros huyen de responsabilidades o de sí mismos. Unos son buscadores de oro, otros de calor carnal, y muchos de un lugar donde caerse muertos. La gran mayoría escapan para no ser juzgados por los prejuicios acusativos que rigen el grano de arroz.

Aquí tú eres tu propio juez.

Ten cuidado vaquero, no te pegues un tiro en tu pie.



 


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Primer mensaje. Enésima botella.

Escribo estas líneas desde un lugar remoto. Rodeado por agua, protegido por un volcán.

Por las mañanas me despierta la luz. Filtrada por un tamiz de partículas diminutas en suspensión que la expanden, diluyen su potencia y clarean el color.

En la calle, cuando no hay brisa, hay momentos que tienes que abrirte paso con el machete en el aire denso. A veces sientes que el desplazamiento consiste en apoyarse en el aire y moverlo, como cuando nadas. Huele a su economía.

Las palabras suelen ser amigas. Otras veces son tan secas que se pueden partir y clavarte sus astillas. Los lagartos de cabeza naranja, impertérritos, en las paredes calientan su sangre.

Conviven decadencia y casposidad con una vegetación imparable. No da tregua. Es la clara ganadora.

Por las tardes me gusta la puntualidad de los murciélagos. Deben de ser los únicos con reloj por aquí.

Floto viendo caer la noche. Observo la luna perpendicular a mí. Si alguien apaga el botón orbital, caería encima mío como el coco de la palmera.

Los dos astros conviven en armonía, compartiendo el mismo espacio-tiempo, sin discusiones.

Escucho ecos familiares olvidados y encerrados en esta tierra. Veo sombras que no corresponden al cuerpo que las proyecta.

Estoy lejos, pero a la vez siento estar muy cerca.

¿Dónde estoy?


Revelación: Revolución 69

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(Fotos, salvo la de Sean Connery, del autor)

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Changes.

El niño era curioso por naturaleza. Preguntaba el porqué de las cosas. De dónde venía todo. Se podía quedar horas embobado delante de un globo terráqueo, dándole vueltas.

Su madre se tomó muy en serio lo de que leyese todas las noches cuando le enseñaron a leer. Le regaló libros de los primeros exploradores. Se imaginaba el trajín comercial de los fenicios en el Mediterráneo. Viajó a China con Marco Polo, trajo el tomate y la patata de las indias, dio la vuelta al mundo con El Cano sintiendo la impotencia de no poder ayudar a su amigo Magallanes en Filipinas, cruzó África con Livingstone de oeste a este, acompañándole en las durezas del Kalahari, y escuchó el estruendo de las cataratas Victoria. Malaespina. El Endeavour de Cook.

Él no lo sabía, pero a medida que leía, eran huevos de pájaros incubándose en su mente.

Una grabación de TV oportuna de su padre dio lugar a la transición a los clásicos de aventuras. Todavía se sigue sorprendiendo de cómo Jim Hawkins (un jovencísimo Christian Bale) dejó escapar a Long John Silver (Charlton Heston) en el último momento. De la obsesión del Capitán Ahab con Moby Dick.

Los veranos eran siempre una época de ensoñaciones. Intentaba emular a sus héroes y aprender a navegar o pescar. Un verano en Huelva pataleó hasta que le llevaron al Monasterio de la Rábida, desde donde partió Colón. Otro verano en Santander conoció a Juan de la Cosa. En Asturias a los Indianos.

Ya de chaval pasó a Jack London, a 7 años en el Tibet. Su imaginación todavía iba a vela pero la madurez pidió un combustible más fuerte para viajar no tan a lo largo, sino sumergirse hacia el interior, dando paso al ensayo y a las distopias.

Tras un tiempo, el joven con necesidad de oxígeno volvió a encontrarse con otro tipo de aventureros, pero estos hacían de su vida la aventura, no buscaban algo terrenal o de ciencia. Eran Hemingway y Kerouac. El Ché en sus viajes en moto y atravesando Atacama, como en su día lo hizo Pedro de Valdivia, cerrando círculos y volviendo a los clásicos. Ahora además de sumergirse, ha aprendido a despegar con Neil deGrasse Tyson en Cosmos, a ver el detalle con Planet Earth.

Hace poco al hombre se le presentó una oportunidad. Un trueque. Quid pro quo: Gastar un año de su vida a cambio de otro año de aventura en paradero desconocido. Dejar la estabilidad por un horizonte de posibilidades completamente abierto. La cogió. Por el niño.

Pidió un sitio remoto, de gente con otra piel, donde el verano fuese constante, donde el mar estuviese presente. Un cambio radical.

La ruleta giró. La crupier tenía cara de pocos amigos. Pero una vez más el destino le volvió a sonreír.

No sé si el niño ya es hombre, o el hombre vuelve a ser niño. Pero el año que viene os escribiré debajo de una palmera lo que me susurren las tortugas.


 

 

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Revelaciones.

Estamos sentados en el borde, de tal manera que nuestras piernas cuelgan hacia el agua. En aquella curva que hace el canal, la del noreste de la ciudad, la que tiene la gasolinera Gulf que suple a coches y barcos. Latitud: 53.22238 | Longitud: 6.566012.

Hace sol de invierno, con los ojos cerrados dejamos que nos bese, concentrados en extraer al máximo su calor como animales de sangre fría. A todos se nos pasan por la mente las diferencias con el caluroso sol de España, pero ninguno las comenta. Poco a poco podemos ir bajando la cremallera del abrigo.

Nos reímos. Somos jóvenes, life is good. Tenemos latas blancas y negras de Pitt Bier, nuestras bicis apoyadas contra una valla de atrás. En frente casas de ladrillo oscuro, techo escalonado, y grandes ventanales que ofrecen escenas costumbristas. La banda sonora son traqueteos metálicos de bicis en el suelo empedrado con algún timbre ocasional. No hay preocupaciones, y si las hay se las lleva la corriente.

A mi izquierda están dos maños, una alicantina, una barcelonesa y una surcoreana que ya es una más de la banda. Extraña combinación.

Miro a la derecha y está mi abuela. Sentada junto a mi, con su pelo blanco y sus arrugas, con esa percha esbelta y elegante que solo tenía ella. Nos reímos y hablamos con mucha química.

Al rato pasa una barca, despacio. En ella va una familia, con una chica rubia que va de espaldas a nuestra orilla. La chica destaca. La rodea un aura blanquecina. Parece que se ha congelado el tiempo. Siento una mezcla de atracción hipnótica y admiración.

Abuela, mírala ¡Es un ángel!Si, lo es. Insisto − ¡Abuela es que mírala! – soy incapaz de decir otra cosa por mi bloqueo mental. Me pongo nervioso porque la barca avanza, se la va a llevar el agua al olvido.Abuela… Se gira y me dice mirándome a los ojos −  Pues si te gusta, tienes que ir a por ella. Me lo dice con seguridad directa, con sinceridad, alegre, con el cariño de una abuela a su nieto.

El consejo me arma de valor para gritar y llamar su atención, estoy hinchando mis pulmones, justo parece que la chica se va a girar, y me despierto.

No me despierto soñoliento, todo lo contrario. Ha sido todo muy real, me acuerdo perfectamente de todo el sueño, excepto de como aparecimos en el canal. Lo más auténtico es la  parte con mi abuela, la interactuación con ella, como si se me hubiese aparecido. Me quedo pensativo, pero aun así tengo una paz interior y una sensación de calma muy fuerte a la vez que me encuentro feliz.

Mi abuela murió cuando yo tenía trece años y tuvimos una relación muy intensa y de complicidad, pero hacía tiempo que no me acordaba especialmente de ella, no por nada, sino por estar metido en la rutina. Tampoco en el momento del sueño había una rubia en mi vida. Pero el mensaje era claro: las oportunidades pasan y hay que cogerlas.

Corro a mi madre a contárselo. No se ríe, no se asombra. Me dice:

 Es ella.



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Que tengáis un finde loco. #TGIF #SalvadorDalí

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