White Nápoles.

tumblr_ntpab3Ekn31qcwcqio1_1280

Viaje a Nápoles 2015

No recuerdo si era Noviembre cuando mi tren murió en la estación central de Garibaldi un viernes 13 a la hora de comer. Todos descendieron con prisa, como empujados por un llamado silencioso que la ciudad susurraba con insolencia y que se sentía a través del rumor de las vidas en la estación. El reloj que presidía la sala principal indicaba que quedaban 21 minutos para las dos, y que había perdido uno de ellos en darme cuenta de que estaba parado probablemente desde hacía varios días. Aún con las manillas estáticas, el tiempo parecía estar haciendo malabares para sobrevivir al frenético ritmo de la terminal.

Un mar de maletas que iban de la mano de viajeros perdidos o no, desembocaba esparciéndose en la plaza que se abría ante mis ojos al dejar atrás los altos techos de vidrio y estaño. Ahí fue cuando sentí por primera vez el grito petulante de la ciudad del que todos hablaban, la soberbia triste del poder en las manos equivocadas. La desafiante y descarada anarquía de la ciudad sin ley. Así era la ciudad que se me abría camino ante unos ojos impacientes por desmentir el mito.

Así es Nápoles.

tumblr_mxk8tlbI1h1squrtyo1_1280

Lo que no sabía en ese momento era que Nápoles es licántropa por antonomasia, y que tan pronto como anochece empiezan a verse sus garras. Es lo que no cuentan las guías de turismo, ni los estudiantes de Erasmus que vuelven vivos sin apenas haber arriesgado su vida. De día, el ruido: mercados, griterío…madres que han dejado de preocuparse por su niño que tuvo una moto antes de tener un casco, bolsos robados que nadie reclama, cuentas pendientes que se saldan en silencio. De noche, las casas vacías hacen la vez de testigo y cómplice de las fechorías de sus malvivientes inquilinos.

Y a mi me bastó una noche para dejarme invitar a la boca del lobo.

tumblr_ntlojimA2r1t4u7evo1_500

Cuando dejo la mochila en el suelo y abrazo a mi amiga, ésta me cuenta que el otro día asesinaron a un chaval no lejos de aquí, y luego me pregunta que qué tal estoy. Ah, así que esto explica la tensión que puede cortarse con la navaja que seguramente lleven todos atada a los tobillos con prisa antes de salir. Es una garantía de seguridad y una mala inversión para la prensa que a nadie le haga falta seguir el día a día de Nápoles leyendo un periódico porque la realidad sucede a las puertas de tu casa. Qué jodido.

El día pasa sin más, y sin que pase nada, llega la noche. Las gargantas se afinan delante del espejo practicando sus aullidos y los camellos tijeras en mano, recortan redondeles de las bolsas de la compra dejando agujeros del tamaño de dos gramos para salir a llenar sus bolsillos con metal tintineante. Yo, todavía creyente de la ingenuidad de la noche napolitana, pongo mis piernas a funcionar rumbo a la plaza Bellini, donde los jóvenes que han prometido portarse bien esta noche, están empezando a incumplir su promesa.

tumblr_n9bzbpLwUh1qeq102o1_500

Es la una de la madrugada en una discoteca que bien podría encontrarse en el centro de Madrid,­ demasiado italiano borracho, demasiado reggaeton­ y empiezo a preguntarme qué diantres hago aquí. El exceso de calma en mi pulso cardíaco me invita a hacer con la noche un cocktail de narcóticos y en ese momento me mimetizo con la ciudad buscando con olfato de lobo a un cómplice para el crimen. Jesús estudia para médico pero no tenía memoria de estudiante de medicina porque, de haberla tenido, hubiera recordado que la mezcla de ciertas sustancias en una misma noche puede ser letal. Me explica que pediatría no, que qué coñazo, mientras me pone una raya de speed en el portal de una casa que aún conservaba las mellas de las balas que quisieron entrar pero no pudieron. ­¿Volcamos el gramo? ­ Venga. Vamos a demostrar que la noche de Nápoles puede ser más que una fiesta Erasmus. No habían pasado ni cinco minutos cuando mi mano, rozando un plástico en el bolsillo de mi chaqueta, me recuerda que la metanfetamina en cristal no caduca, y precipita de mis labios un ¿Por qué no? para después sentir el agujero amargo en la lengua que ya era un agujero en el cerebro.

tumblr_o3f0vdNGIu1rzuhz3o1_500

Al levantarnos todo era de otro color, el tiempo se había detenido pero íbamos tan deprisa como las balas de la Camorra. El ritmo de las calles se había intensificado y la gente era realmente bella. Saludamos a cada uno de los diablos que nos cruzamos al pasar, hasta dar con el que llevaba el tridente más grande. Todo lo que teníamos se nos había terminado y el demonio, al enseñarlos sus dientes, hizo más largos los nuestros.

Lo siguiente que recuerdo es dar tumbos en un coche, de un lado a otro, mientras los dos amigos de delante se reían de los dos pringados de atrás. No sé si fueron 10 o 20 minutos pero al final, y en forma de milagro, el empedrado del suelo se dibujó bajo mis pies y el cielo sin estrellas dejó de moverse encima de mi. Veo una plaza. Poca gente. Nos dicen que lo que buscamos está en ese banco de allí, que si queremos una birra. Yo sí, por supuesto, y dejando a Jesús solo en malas manos, acompaño al copiloto que minutos antes se reía de mí a un bar con pinta de tugurio.

Mientras esperamos a que la camarera termine de servir a dos tipos con pinta de pocos amigos, mi instinto periodístico escoge un mal momento para aflorar: Perdona el entrometimiento pero… la mafia sigue teniendo un fuerte poder aquí, ¿verdad?. Mi nuevo colega ­quiero pensar que en un golpe de educación mal disimuladasimplemente rió. Sin darme cuenta de lo que acababa de suceder salí airosa del bar cerveza en mano.

tumblr_m7gihbkLM21r0t4kso1_500

La embriaguez flotaba en el ambiente de la plaza haciendo del aire una sustancia espesa y turbia como el aceite de motor. Los chavales se reían y drogaban a partes iguales y las chavalas sucumbían a las manos tentadoras que, sin garantías, se tendían hacia ellas. Jesús gesticulaba una historia que difícilmente podría interesar a quien fingía escucharla mientras yo revelaba mi nombre a los presentes. La media de edad la remontaba un hombre que desde un banco de parque y con bastón mantenía a raya a los jóvenes que, entorno a él, se rascaban las narices por culpa de la que acababan de meterse.

En sus ojos la malvivencia de esta ciudad maldita había pasado una cara factura y la nostalgia estaba escrita en tinta china. Cojeaba quién sabe por qué, y miraba sin mirar quién sabe adónde. Yo, sin poder evitar del todo la mirada furtiva y curiosa, me entretenía haciendo negocios con el capo del lugar. Dejándome ver que le faltaban dos dientes, me aseguraba con certeza que no encontraría mejor cocaína en todo Nápoles. Que son veinticinco euros el medio gramo, que me lo dejaba a 20 por aquello del acento español y la falda corta. Por lo que se aprende en los cines de sesión golfa, mi altanería me hizo desconfiar y el aprendiz de mafioso se ofreció a convencerme en cuestión de dos tiros que bien podrían haber sido mortales: sacó su móvil, dos tarjetas y una bolsita roja que hubiera sido imposible esconder en el bolsillo de un pantalón pitillo. ­Toma, póntelo. ­¿Aquí, en medio? Mi inocencia le hizo reír (gracias a algún Dios ausente) y con la media sonrisa que le quedaba me hizo saber que en Su Barrio él era el rey ilegítimo.

IMG_20150224_113956

Tras haber desafiado las normas de la ley en la cara de los Carabinieri ­ más asustados que yo, la novata en medio de la mafia­ decidí que era el momento de una retirada a tiempo. Pero no por ello una victoria: aún me quedaba desafiar las leyes de la física para concluir el intercambio de intereses con el joven Capone. Para que nuestra viciosa noche pudiera continuar, teníamos que acompañarle a su casa, que funcionaba como lonja de pecados. Fue tan sencillo como seleccionar una moto a su gusto, abrir el sillín y manejar un par de cables con chispazo conclusivo, que me vi en medio de dos cuerpos y flotando por el asfalto napolitano a dos ruedas. Ni falta hace decir que el casco era algo tan redundante como el vicio en un presbítero.

Yo lo estaba viendo venir: dos autobuses, separados por menos de dos metros, y el manillar del acelerador que no se reculaba. Jesús estrujandome desde detrás como si quisiera prensarme como la portada del diario de mañana que ya me estaba imaginando en mi cabeza: Dos españoles y un Napolitano desafían a la muerte a dos ruedas dejándola vencer. Creo que cerré los ojos. Creo que abracé al mafioso como si fuera mi madre y creo que me inventé un Dios a quien rezarle en un segundo.

Pero de nuevo, el asfalto.

tumblr_mgh03go6ES1r0jdvvo1_1280

No sé si era el mejor sitio para sentirse segura, pero al menos el aire me llegaba a los pulmones ennegrecidos por la noche acelerada. ­Toma, tu mierda, que la disfrutes. ­ Toma, mi dinero, que lo malgastes. Concluyendo así mi fugaz amistad con la mafia de Nápoles, emprendimos el camino a casa no tan convencidos de querer seguir arriesgando nuestros latidos, que parecían querer contarle al mundo a gritos que, asombrosamente, seguían vivos.

Maga

tumblr_n1fg1kLR3U1si6m7uo1_1280

Una vez más, al levantarnos a poner la cafetera al fuego, nos hemos encontrado a una cansada paloma mensajera picoteando en la ventana con un sobre entre las patas. Destinatario: vivirmatablog@gmail.com, remitente: Maga, el matasellos es de la emblemática ciudad de Nápoles, y en el interior una historia de las que nos gustan: odisea nocturna.  ¡Muchas gracias Maga!

Hay twitter por aquí,  página de Facebook por allá, InstagramAQUÍ , y construyendo un precioso Spotify por allá. ¡ACEPTAMOS GENTE DE OTRO HABLAR!

vivirmatablog@gmail.com

Anuncios
Estándar

Comentarios (piensa luego existe):

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s