La noche que vendí mi alma al Diablo. (Rolling Stones)

Esta es la historia de cómo vendí mi alma al Diablo. Consta de dos partes: el Pago y la Ceremonia.

1ª parte: − El Pago.

Todo empezó una mañana de Abril de este año.

Llegué, por primera vez en mucho tiempo, antes de mi hora oficial de entrada a la oficina motivado por el nerviosismo.

Me quito la americana a trompicones y la cuelgo en el respaldo de la silla. Enciendo mi ordenador y antes de abrir el correo, rompiendo mi rutina matutina, abro el Explorer para buscar una página que ya tenía guardada en favoritos desde hacía unos días.

Respiro. Carga bien, todo en orden, funciona, nada puede fallar. El día anterior ya había comprobado mi cuenta bancaria e ingresado todo el capital ahorrado de debajo de mi colchón para ver hasta cuánto podía pagar en la transacción, dispuesto al posible all in, hipotecar mi alma, lo que fuese.

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Mi compañera C baja de la planta de arriba, de la altas esferas, y me sugiere ir a por el sacro café. Me lo planteo seriamente: ¿Y si salen antes de lo previsto? ¿Y si se bloquea el sistema? Pero no puedo faltar a la cita, siempre vamos juntos religiosamente a por el chute de cafeína no matter what. Como una pareja de guardias civiles. Un ritual ya casi de matrimonio.

Volvemos. Todo sigue en orden. A las 9:55 estoy tarjeta de crédito en mano; a las 9:59 refrescando la página como un poseso; a las 10:01 he rellenado todos los campos de información, empiezo a salivar y a las 10:03 tengo la confirmación y un buen sablazo en el bolsillo.

Lanzo un puño al aire en señal de victoria. Tengo mi pasaporte, un billete de solo ida para ver al finalmente al Maligno.

¡¡¡Tengo una puta entrada para ver a los putos Stones en el puto Bernabéu!!!

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En mi cabeza comenzó a sonar una suave vocecilla: You can’t always get what you want, but if you try sometimes you just might find you get what you need. Esto empezaba a cobrar forma.

Debido a mi nivel de emoción prácticamente no pude trabajar y me dediqué en las siguientes horas a leer a escondidas artículos sobre la venta de entradas y la opinión de los grandes críticos de la música de nuestro país.

La mayoría contaba que ellos los habían visto en Hyde Park, en el Madison S.G. de NY y no entendían por qué la gente quería ver a esos carcas hoy en día, que de ninguna manera podría superar éste al mítico concierto del Calderón en el 82, que no valía la pena.

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Señores, que les den, muchos de nosotros no habíamos ni nacido en el puto 82, creo que ya tenemos uso de razón para saber que no será lo mismo, que a lo mejor se rompen la cadera en medio del escenario, pero es que a mí como si tocan el cumpleaños feliz y se van, quiero ver a estos fósiles vivientes, quiero ver a los únicos que podían mirar a los ojos a los Beatles, quiero que cobren vida los vinilos heredados de mi estantería.

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Luego se quejan de que el negocio de la música no funciona, que ya no es lo que era. En fin, ya me he quedado a gusto.

2ª parte − La Ceremonia.

Llegó el gran día. Uno que representaba el final de unas semanas difíciles siendo el concierto la dulce guinda del pastel.

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Había ido repasando las setlists de la gira a la vez que engrasaba mi pelvis, afinado mis cuerdas vocales en la ducha, y preparado mi alma para el ritual.

A una hora prudente me lancé Castellana a bajo,  birra en mano, y un paquete blando de Lucky en el bolsillo de atrás de mis vaqueros. Pisando fuerte con mis zapatos (en el infierno no se entra con zapatillas), llegué a los aledaños del templo del fútbol a hacer la previa como si fuese a una de las rondas finales de Champions con Mick berreándome al oído a través de mis auriculares.

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No sé cómo lo hago pero siempre acabo en grata y guapa compañía en estos días tan puntuales. Un conglomerado de pocos pero selectos fieles nos reunimos y cerveza tras cerveza incrementamos nuestra emoción, comentando cuales son las canciones que nos gustaría escuchar.

Observamos a grupos de moteros, a viejas chupas vaqueras andantes reventadas a parches reminiscencia de tiempos pasados, mucho cuero con bandana, padres con hijos.  La lengua lujuriosa e irreverente de Warhol inunda el lugar. Hay mucho rocknroll.

91986Cambiamos a los teloneros por unas cuantas copas más apurando hasta el final, nos despedimos, suerte y al toro, y cada uno se va a su asiento respectivo.

Escalo hasta el gallinero mientras Leiva toca la última estrofa de Lady Madrid. Maldigo la mala suerte que he tenido con la localización original de mi entrada y encuentro otro sitio más abajo junto a un solitario inglés cincuentón que pasaba unos días por la capital y se había acercado a la reventa. Me cuenta que es la séptima vez que les ve y me pregunta que si soy virgen en esto de los Stones. Le contesto que sí, que no había tenido antes el placer. Y como leyendo mi pensamiento me dice: “Tranquilo chaval, van a superar tus expectativas”. Ya lo creo.

Y tras una breve presentación y un par de elogios hacia el blanco estadio por parte de Jagger, Keith empieza el mágico riff de Jumping Jack Flash poniéndonos a todos sus acólitos en pie para comenzar el rito. Pura potencia. Y Mick, nuestro sumo sacerdote inicia la ceremonia.

Lo primero que se te pasa por la cabeza es “pásate unos gramos de eso que te metes Mick, comparte.” Y poco a poco nos lo va contagiando, nos va convenciendo.

Es impresionante la vitalidad de estos tíos, corriendo por la frontal del fondo sur, con brincos que envidiaría el mismo Santillana. K. Richards tras el incidente con el cocotero está más tranquilo pero cuando le apetece con un par de bendings nos pone arriba. Ronnie Wood coge su guitarra a modo de lanza en ristre y avanzaba hacia la masa por el pasillo central como un canterano revulsivo. Charlie Watts es el central sólido de cara simpática que marca los tiempos de juego.

Con un poco de soul con Tumbling Dice y con mucho de blues con Honky Tonk Women, nos va metiendo la música en el alma. Resucita música oscura y antigua que lleva subliminalmente desfases antológicos, groupies místicas, botellas, sustancias, fiestas y correrías.

No sabes por donde te entra pero en cada estrofa y ritmo clásico consigue hacer que nuestro corazón palpite al beat que le apetece. Nos tiene cogidos, ya es demasiado tarde, y lo peor es que nos encanta. No se conforma sólo con eso sino que nos lo hace asumir y pronunciar con It’s Only Rock ‘n’ Roll (But I Like It). Así se las gasta el puto Jagger.

Nos ablanda con Angie y obedece al pueblo que a través de las redes sociales había hablado pidiendo Like a Rolling Stone, probablemente la mejor canción del rock escrita por el mejor cantautor indirectamente para la mejor banda, haciéndonos disfrutar con esa armónica rebelde e indomable.

Richards canta sus You got the silver y Can’t be seen mientras M.J. hace un descanso y se prepara para el momento místico de la noche.

Empieza una intro con un unos coros de sirena de Odisea increcendo, nos llaman y atraen. Es la música que suena al abrirse las puertas del Averno, la que debió recibir a los Eagles cuando entraron en el lobby del Hotel California y pensaron “This could be Heaven or this could be Hell“, la que ni Scorsese ha podido resistir incluirla en tres de sus mejores filmes, la que te embala como en una cuesta abajo en la Autopista hacia el Infierno. Es Gimme Shelter.

Una música seductora con letra sencilla que te llama a entrar a buscar refugio y revela las distancias en el amor y en la guerra:  “I tell you love, sister, it’s just a kiss away” y “War, children, it’s just a shot away”.

tumblr_mo2yq4srCg1qgkn2ho1_500Sin darnos cuenta ya estamos camino a la perdición, cayendo junto a Alicia en el agujero del conejo blanco, y al tocar fondo aparece él. Su Satánica Majestad. Mick Jagger se quita su humana máscara, revelándose en su oscura forma. Se enfunda una capa roja mientras suenan unos bongos tribales y el escenario arde en llamas. Se presenta con educación en perfecto acento británico: “Please allow me to introduce myself…

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Mientras nos contaba que era él quien lideraba el blitzkrieg, quien hizo lavarse las manos a Pilatos, quien mató a Kennedy y a los Zares, es cuando definitivamente consiguió mi alma, que coño, se la ofrecí yo mismo en bandeja de plata y desde aquel anfiteatro vi como me guiñaba un ojo y me apuntaba en su libro.

Cerraron con Brown Sugar, para acto seguido marcarse un bis con un consejo y una sensación: You Can’t Always Get What You Want(I Can’t Get No) Satisfaction con pirotecnia incluida. Se marcharon dejándonos la sonrisa puesta, habiendo bailado Madrid y con 54.000 almas más.

Después del conciertazo me fui a celebrarlo. Y también tuve mi satisfaction y fuegos artificiales, pero esa es otra historia.

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A la mañana siguiente volví al curro y no podía ni moverme. Cafés e ibuprofenos.

En definitiva, he ido a un concierto de los Stones, lo que ha supuesto tachar una de las cosas más improbables y que mayor ilusión me hacían de mi lista.

Pido disculpas por haber escrito un post tan largo, no creo que muchos hayan llegado hasta aquí, lo comprendo, pero es la auténtica crónica que perdurará y me recordará la tan increíble y rockanrollesca experiencia que tuve aquel miércoles 25 de Junio de 2014.

“Un día tendré que pagar mi tributo al diablo, como Fausto. Pero por qué voy a dejar de disfrutar del sol de hoy para pensar en las nubes de mañana.”

―Mick Jagger

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6 thoughts on “La noche que vendí mi alma al Diablo. (Rolling Stones)

    • Jajaja si…un poco demasiado, hice un borrador en verano para que no se me olvidasen los detalles (aunque no creo que lo hubiese necesitado) porque sabía que no iba a tener mucho tiempo para escribir pero ahora voilà!

  1. TienesFuego? dice:

    Yo tambien estuve pero en pista, de los días más memorables de mi vida. Una amiga me acuerdo que me comentó que la acústica arriba no fue la mejor.

    Si señor, una cosa menos de la lista!

    • Totalmente, por eso lo tenía que inmortalizar.

      Si, la acústica no fue tan buena porque rebotaba en las paredes de atrás de los anfiteatros, pero bueno en ese momento con esta banda no importaba tanto!

      Gracias por comentar!

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